§ III  ·  Principios

Cinco reglas escritas antes de necesitarlas.

Un conglomerado vale lo que vale su palabra. Estos son los compromisos que nos obligan, y por los cuales pueden hacernos rendir cuentas.

I.
La Paciencia.
El tiempo paga al disciplinado. La prisa paga al apurado.
II.
La Transparencia.
Si no se puede escribir y firmar, no se puede sostener.
III.
El Estado de Derecho.
Construimos donde las reglas se cumplen sin tener que ser recordadas.
IV.
El Compuesto.
Lo que se compone vence a lo que se gasta. Cada año, sin excepción.
V.
La Familia.
Un conglomerado que merezca durar es uno que sus nietos puedan defender.

La confianza tarda generaciones en construirse y segundos en perderse.

Construimos bajo jurisdicción estadounidense por una razón sencilla: las reglas son predecibles y los libros se sostienen. La sede en Estados Unidos no es casualidad. Queremos estar donde el capital se piensa en generaciones, cerca de las familias que lo administran.

Tratamos a cada socio como querríamos ser tratados en su lugar. Y cuando fallemos —porque fallaremos— lo diremos en el momento, no en la nota al pie. Esconder un error solo aplaza su costo; nombrarlo es la única forma de no repetirlo.

Estable es un conglomerado estable. No estamos apurados. Estamos construyendo una institución que se componga, no una empresa que gane el próximo trimestre.

El sistema financiero estadounidense ha hecho posible la planificación intergeneracional para muchas familias del mundo. Pretendemos sumarnos a esa tradición, con disciplina, con discreción, y con reglas escritas que nos obliguen a cumplirlas.

M. Dickey
Fundador · Estados Unidos